Revista Hola Polanco
Salud y Bienestar

¿Qué es el «Síndrome de la cabaña»?

Psic. Juan Antonio Barrera Méndez

juan.antonio.barrera.mendez@gmail.com

Twitter: juanantonio6289

El miedo puede ser más contagioso que el coronavirus.

Antecedentes

Se dice que a principios del siglo anterior los cazadores y mineros de USA y Canadá debido a las extremas temperaturas invernales se refugiaban en las cabañas y eso les hacía confinarse o refugiarse en esos sitios, en donde se guarecían hasta pasada la época invernal.

El síndrome de la cabaña toma su nombre de este curioso acontecimiento. Debido a la actual situación por la que atravesamos en el mundo entero, son escasos los países en donde no se han tomado este tipo de medidas y no experimentan una situación de encierro como lo hacían los mineros y cazadores.

Es importante tomar en consideración que una pandemia como la relacionada con el Covid-19, nos tomó desprevenidos a prácticamente todos los habitantes de este planeta. Y, junto con ella se confinaron en nuestros hogares las condiciones de salud o enfermedad tanto físicas como mentales que ya veníamos arrastrando, así como, la dinámica familiar también buena o mala, nuestras propias personalidades, nuestra capacidad de resiliencia, así como el contexto saludable o no, acompañado a esta situación desde antes del encierro. Y, estas fueron las semillas que consciente o inconscientemente se sembraron en cada una de nuestras casas, comunidades y países.

Si bien, difícilmente un acontecimiento se debe a una sola causa. El carácter multifactorial de esta pandemia, nos lleva: “a un principio y afortunadamente a un final”, con todas las condiciones que ello requiere. El pasar al confinamiento o encierro en nuestras propias casas para cuidarnos del contagio, nos llevó a experimentar “angustia por el encierro”: el hogar se convirtió en un bunker. En general se considera que experimentar angustia, si no se alivia esta tensión emocional, crecerá y podrá convertirse en un episodio complejo de depresión mayor o en un trastorno de ansiedad más complejo, como sucede con los ataques de pánico. Sin embargo, una vez que la fase de encierro termina, viene la segunda, un periodo para salir o de desconfinamiento, también acompañado de “angustia por salir de casa”, esta situación psicológica que experimentan muchas personas, se conoce como el síndrome de la cabaña.

¿Qué es el síndrome de la cabaña?

Un síndrome es un conjunto de síntomas y signos (indicador objetivo y observable de un trastorno o enfermedad) que por lo general se deben a una sola causa (o conjunto de causas relacionadas) y que en conjunto indican una enfermedad o trastorno físico o mental particular. También llamado complejo de síntomas (APA, pág. 468, 2010). Se conoce como el síndrome de la cabaña al miedo y sus diferentes variantes (físicas, psicológicas, emocionales y sociales) experimentado por una persona, después del confinamiento, es la etapa para salir de casa y enfrentarse con una rutina normal: contacto con sus amigos, familia, trabajo y actividades sociales presenciales en general. Es enfrentarse a la nueva realidad después del confinamiento.

¿A quién le afecta?

Siendo el miedo una de las emociones más intensas que experimentan las personas porque nos permite sobrevivir. Podría afectarnos a todos quienes estuvimos confinados, desde los niños hasta las personas mayores, sin distinguir su sexo, raza, idioma, religión, origen geográfico o posición política, social o económica.

Afecta más a las personas que pasaron este confinamiento solos o con poco contacto social, incluye a las personas que pasaran su soledad en compañía.  A quienes en la comorbilidad antes de este periodo de aislamiento, ya tenían algunas otras enfermedades físicas (p.e.: diabetes, enfermedades pulmonares o respiratorias y más) o mentales (sobre todo algún trastorno de ansiedad o algún trastorno del estado de ánimo). Vale resaltar que el propio confinamiento y el desconfinamiento a todos nos metió en un trastorno de angustia y para muchos acompañado, de un fobia de estar encerrados (claustrofobia) y el desconfinamiento o salida también podría llevarnos a otra fobia a los espacios abiertos (agorafobia). Esta condición incluye también a quienes habían pasado tiempo en un hospital y recién fueron dados de alta.

También a las personas que han estado en sobre exposición a la información sobre el Covid-19 y no saben cómo neutralizar sus efectos, quedando con patrones de pensamiento: negativos, catastróficos y centralizados en las desgracias reales y potenciales.

De lo simple a la complejidad de sus síntomas

En el modelo de lo simple: sentir miedo de salir de la casa y enfrentarse a la nueva realidad es el síntoma principal. Así como una incapacidad para reintegrarse al “nuevo modelo de realidad que nos espera”.

En lo complejo: en principio, voy a dividir los síntomas del miedo en dos partes, una que corresponde a los signos y otra a los síntomas. Y, todos ellos se van a juntar con otras enfermedades físicas o emocionales y a ellos les llamaré sistemas. Son aparentemente independientes, pero que van a juntarse a la hora de querer salir de casa.

En la parte correspondiente a los síntomas, voy a describir los más notorios, sumados al miedo cuando se vive en comorbilidad; con los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, a manera de criticalidad autoorganizada, esto quiere decir que se pueden juntar varios sistemas independientes (en este caso trastornos psicológicos) en un mismo paciente y todos ellos dan como resultado; no querer, o  no poder salir de la casa, la conducta final es el síndrome de la cabaña.

Signos del miedo (son las conductas que podemos observar cómo especialistas):

  • Es una reacción primitiva del cuerpo de pelear o huir. El miedo puede llevar a las lágrimas y producir un temblor general en todo el cuerpo. Todos los músculos del cuerpo se ponen tensos y la piel puede estar pálida. Cuando se empieza a sentir miedo, es probable que las palmas de las manos transpiren. El miedo también se demuestra en la cara a través del aumento del parpadeo de los ojos y también con una mirada fija de “lamparita de luz”, los párpados se estiran hacia arriba y los globos oculares salen hacia afuera. Las pupilas se dilatan. La boca está tensa y se estira hacia atrás. Los labios tiemblan y puede ser que los dientes castañeen. A veces se realiza la acción de aclarar la garganta y el ritmo de la respiración puede aumentar mientras se produce adrenalina en el cuerpo (Boyes, pág. 21, 2007).

Síntomas del miedo (son las cosas que experimenta el paciente en su mundo interno, es su interocepción, es decir, su forma de percibir lo interno):

  • En lo emocional: Podemos sentir y expresar el miedo en una escala conceptual que va de lo más ligero hasta lo más grave. Uno de los primeros trabajos científicos para identificar y describir el miedo de manera lingüística, fue el trabajo de Daniel Goleman (1997) en su libro de Inteligencia Emocional (IE), se puede identificar el miedo como: temor, ansiedad, aprensión, nerviosismo, preocupación, consternación, inquietud, cautela, incertidumbre, pavor, terror, en un nivel psicopatológico, fobia y pánico (Goleman, 1997, pág. 331). Algunas expresiones más recientes para identificar el miedo, tomadas del diccionario de emociones de Punset, Bisquerra & Laymuns (2018) son: acojonado, alarma, alerta, amedrentado, atacado, cagado, canguelo (miedo en México), coacción, cobardía, desorientación, despavorido, espanto, fobia, horror, indecisión, inhibición, medroso, miedo, negación, pánico, pavor, sobrecogimiento, sobresalto, sumisión, susto, temor, terror, vacilante (Punset, Bisquerra & Laymuns, pág. 151, 2018).

Síntomas del miedo intenso (crisis de angustia):

  • Físicos: Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardiaca. Sudoración. Temblores o sacudidas. Sensación de ahogo o falta de aliento. Sensación de atragantarse. Opresión en el pecho o malestar torácico. Náuseas o molestias abdominales. Inestabilidad, mareo o desmayo. Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo). Escalofríos o sofocaciones.
  • Psicológicos: Miedo a morir. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo). Miedo a perder el control o volverse loco (Halguin & Krauss, pág. 183, 2004).
  • Conductuales: Falta de autocontrol o autorregulación. No querer salir de casa.

Síntomas del miedo extremo o superlativo (parecidos a los ataques de pánico):

Además de los anteriores relacionados con las crisis de angustia, se suman: …

  • Físicos: Molestia o ardor torácico. Miedo de muerte inminente. Sentir que el corazón se sale del pecho. Entumecimiento en manos, pies o cara.
  • Psicológicos: Sentimientos de separación.
  • Conductuales: No querer salir de casa, o ver la casa como el único sitio seguro.

Síntomas en comorbilidad sumados al miedo y correspondientes a los trastornos del estado de ánimo en la depresión:

  • Físicos: Pérdida importante de peso sin seguir una dieta, o pérdida o aumento del apetito. Insomnio o hipersomnia. Agitación o retardo psicomotor. Fatiga o pérdida de energía. Sentirse cansado todo el tiempo.
  • Psicológicos: Sentimientos de inutilidad o culpa inapropiados. Disminución de la capacidad para concentrarse o indecisión. Pensamientos recurrentes de muerte o pensamientos suicidas. Dolor emocional.
  • Sociales: Disminución del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades. Sentirse irritado y en ocasiones ser agresivo. Falta de autocontrol y de autorregulación. No querer salir de casa.

En resumen, tener miedo, aunado a la angustia del confinamiento y desconfinamiento, junto con las condiciones de salud previas de cada persona antes de la pandemia, tendrá como producto final, salir a la nueva realidad, con pocas o muchas dificultades.

Sí bien, no es mortal el síndrome, si se agudizan los síntomas, puede empeorar y derivar en una sensación de mayor intensidad en experimentar: fobias (relacionadas con la muerte, el contacto con las personas o agentes patógenos: virus o bacterias), en el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), sentir comportamientos hipocondriacos, depresivos, de ataques de pánico, de estrés o de estrés postraumático, por citar solo algunos ejemplos.

Sugerencias para el cambio

  • Aprender a gestionar las emociones, como sucede en la inteligencia emocional (IE). «Peter Salovey y John Mayer (1990) acuñaron el término inteligencia emocional. El cual se refiere a cuatro competencias relacionadas: las habilidades para percibir, usar, entender o regular, las emociones las propias y las ajenas, de modo que nos permitan alcanzar metas (Sandoval, pág. 95, 2018)». En este caso es aprender a gestionar el miedo.
  • Continuar con las precauciones necesarias recomendadas por las autoridades calificadas y oficiales: Usar mascarillas, cubrebocas, guantes, distancia social (no recibir visitas si no son necesarias, abstenerse de ir o realizar reuniones, no acudir a sitios donde se reúnen gran cantidad de personas, etc.).
  • Utilizar la terapia de aproximaciones sucesivas, que consiste primero en imaginar salir de casa, después dar muy pequeñas salidas y de corto tiempo, e ir avanzando a tener salidas más grandes hasta volver a realizar las actividades normales. Se toman todas las precauciones oficiales. Si esto se puede realizar con el acompañamiento de alguien más, es mejor.
  • Mi recomendación personal para enfrentar este síndrome, es hacer uso de cualquier terapia cognitiva o conductual. Los principios de las terapias cognoscitivas o cognitivo-conductuales son sencillos y surgen de forma lógica a partir de la premisa de que las emociones disfuncionales son el producto de pensamientos disfuncionales (Halguin & Krauss, pág. 155, 2004). Si le ayuda al paciente a cambiar su forma de percibir la realidad con formas más funcionales para adaptarse a la nueva realidad, se incorporará más rápido a llevar nuevamente si vida adaptada a la esta nueva forma de interacción social.
  • Tener en cuenta que todos los eventos de pandemias ocurridos en el mundo (p.e.: viruela, gripe española, fiebre amarilla, Sars), tienen un principio y un fin.
  • Estar conscientes que todos los pequeños y grandes cambios en la vida son parte de un proceso y no se dan, de un día para otro.
  • Tener la consciencia que el confinamiento o encierro inicial nos llevó a refugiarnos en nuestra cabaña, casa, edificio o bunker. Sin embargo, la salida o desconfinamiento puede causar también angustia nuevamente. No se trata de hacer de nuestra cabaña una jaula, ni la salida de casa enfrentarnos con la selva.
  • Si no puedes resolver esta situación o sientes que se te está dificultando la adaptación, recurre a tu médico o terapeuta de confianza.

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