Las intensas lluvias registradas en los últimos días en la Zona Metropolitana del Valle de México no sólo provocaron inundaciones, cierres viales y afectaciones al transporte público, sino que también reavivaron el debate sobre la necesidad de transformar los modelos laborales en las principales ciudades del país.
De acuerdo con WeWork, los fenómenos climáticos han evidenciado que la movilidad y el trabajo están estrechamente relacionados, por lo que la flexibilidad laboral comienza a consolidarse como una estrategia para enfrentar los retos urbanos y garantizar la continuidad de las operaciones.
Según el estudio Retos y perspectivas del trabajo, elaborado por la compañía, el 42% de los trabajadores mexicanos recorre entre 10 y 50 kilómetros para llegar a su empleo, mientras que otro 31% viaja entre tres y 10 kilómetros. Además, casi la mitad (49%) utiliza automóvil particular y el 34% depende del transporte público para trasladarse diariamente.
La combinación de largos recorridos y una alta concentración de viajes incrementa la vulnerabilidad de millones de personas cuando las condiciones climáticas afectan la circulación, generando retrasos, pérdidas de tiempo y complicaciones para llegar a los centros laborales.
Ante este panorama, cada vez más empresas replantean el papel de la presencialidad. La discusión, señala WeWork, ya no gira únicamente en torno a trabajar desde casa o acudir a la oficina, sino en desarrollar modelos que permitan mantener la productividad y la colaboración sin depender de largos desplazamientos.
«Durante años, la conversación alrededor del trabajo se centró en dónde debía ocurrir: la oficina o la casa. Hoy estamos frente a una pregunta más amplia: cómo diseñar modelos que funcionen para las personas y para las ciudades. La flexibilidad laboral permite adaptarnos a nuevas dinámicas urbanas, reducir fricciones en los traslados y mantener espacios de colaboración cuando realmente generan valor», afirmó Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica.
La empresa destaca que los espacios de trabajo flexibles, distribuidos en distintas zonas de las ciudades, representan una alternativa para acercar los lugares de trabajo a las comunidades y reducir tiempos de traslado sin renunciar a un entorno profesional.
Los cambios en las preferencias de los trabajadores respaldan esta tendencia. Mientras que en 2019 apenas el 11% laboraba bajo un esquema híbrido, actualmente el 64% prefiere combinar el trabajo presencial con el remoto, motivado principalmente por una mejor administración del tiempo y una reducción de los desplazamientos diarios.
Para ciudades como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, la descentralización de los espacios de trabajo y la adopción de modelos híbridos podrían contribuir a disminuir la presión sobre la infraestructura de movilidad y fortalecer la capacidad de respuesta ante contingencias como las lluvias intensas.
En este contexto, los recientes eventos climáticos muestran que la evolución del trabajo ya no responde únicamente a avances tecnológicos o nuevas dinámicas organizacionales, sino también a la necesidad de construir ciudades más resilientes y adaptadas a los desafíos que plantea el entorno.

