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Expertos alertan sobre riesgos de exceso de proteína en niños mayores de un año

Cumplir un año suele ser sinónimo de libertad en la mesa: muchos niños comienzan a probar los mismos platillos que el resto de la familia. Pero especialistas en nutrición infantil advierten que, aunque ya caminen y digan sus primeras palabras, sus necesidades metabólicas siguen siendo muy distintas a las de un adulto.

Entre el primer y el quinto año de vida ocurre un segundo brote de crecimiento. En esta etapa, el peso puede duplicarse nuevamente y la estatura aumentar hasta un 50%. Aunque el ritmo parece más lento que en los primeros meses, el organismo trabaja intensamente para consolidar masa muscular, fortalecer órganos y regular funciones metabólicas clave.

¿Cuánta proteína necesita realmente un niño?

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), un niño de dos años —con un peso promedio de entre 11 y 14 kilogramos— requiere alrededor de 14 gramos de proteína al día. Además, expertos recomiendan incluir dos porciones de leche diarias a partir del primer año.

El problema aparece cuando se replica la lógica adulta en la dieta infantil. La creencia de que “más proteína equivale a más músculo” no aplica en esta etapa. Un exceso puede asociarse con mayor acumulación de grasa corporal, alteraciones en la microbiota intestinal y una sobrecarga innecesaria para los riñones.

Si un niño consume dos vasos de leche de vaca convencional —que aportan cerca de 8 gramos de proteína cada uno— podría alcanzar o incluso superar su requerimiento diario solo con el lácteo, dejando poco margen para las proteínas provenientes de carne, huevo o leguminosas.

Nutrición diseñada para su etapa

Especialistas de NIDO, marca de alimentos lácteos de crecimiento, señalan que en esta fase lo ideal es optar por productos formulados específicamente para niños mayores de un año. Estos suelen ofrecer:

  • Aporte proteico ajustado, para no rebasar los límites diarios.
  • Probióticos, que apoyan la salud digestiva y las defensas naturales.
  • Sin azúcares añadidos, en línea con regulaciones que buscan prevenir el desarrollo temprano de preferencia por sabores excesivamente dulces.

“La nutrición en esta etapa no se trata de acelerar el crecimiento, sino de hacerlo de forma lineal y saludable”, explican especialistas vinculados a la marca.

Más que comer “igual que la familia”

Integrar a los niños a la dinámica familiar es positivo desde el punto de vista social y emocional, pero en términos nutricionales requiere información y equilibrio. Leer etiquetas, entender porciones y conocer los requerimientos específicos puede marcar la diferencia en la prevención de problemas metabólicos a largo plazo.

Porque después del primer año, aunque ya compartan la mesa, su cuerpo sigue necesitando una estrategia alimentaria diseñada para su edad —no una versión reducida del plato adulto.

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