En un escenario donde la sostenibilidad ha dejado de ser un discurso aspiracional para convertirse en una exigencia estructural, la compañía Brown-Forman plantea una visión integral que redefine la manera en que la industria se relaciona con los recursos naturales.
La conversación se enmarca en el Día de la Tierra, pero trasciende la fecha. Hoy, la relación entre economía y naturaleza es innegable: en México, la degradación del suelo representa alrededor del 0.6% del PIB; en América Latina, la FAO estima que el 75% de los suelos presenta algún grado de deterioro; y a nivel global, el World Economic Forum advierte que más de la mitad del PIB depende de la naturaleza. Bajo este contexto, producir sin considerar el entorno ya no es una opción viable.
En industrias donde la materia prima proviene directamente de la tierra, como la de bebidas espirituosas, este vínculo es aún más evidente. En el caso del tequila, el agave no es solo un insumo: es identidad, origen y valor. A través de su operación en México, particularmente con Casa Herradura, Brown-Forman ha desarrollado un modelo que integra la sustentabilidad en cada etapa del proceso productivo.
Uno de los ejes de esta estrategia es el aprovechamiento del bagazo de agave. En la producción tequilera, por cada litro se generan alrededor de 1.4 kilogramos de este subproducto. En 2025, la compañía reutilizó más de 1,500 toneladas como biomasa para generar vapor en procesos de cocción y destilación. El resto se transforma en composta que regresa a los campos de cultivo o se destina a proyectos de regeneración en comunidades agrícolas.

Este enfoque se complementa con la adopción de estándares como Agave Ambientalmente Responsable (ARA) y el avance hacia Agave Socialmente Responsable (ARS), impulsando prácticas agrícolas certificadas que buscan fortalecer la salud del suelo y la resiliencia de la cadena productiva. La lógica es clara: el futuro del negocio depende directamente de la regeneración del entorno.
De acuerdo con especialistas como el ingeniero agrícola Remberto Zenil Rubio, de la Universidad Nacional Autónoma de México, integrar procesos de aprovechamiento y regeneración no solo mitiga el impacto ambiental, sino que contribuye a elevar los estándares de toda la industria.
El alcance de estas acciones también se extiende al territorio. En colaboración con instituciones y comunidades, Casa Herradura participa en el desazolve de canales de la Laguna de Atotonilco —ecosistema RAMSAR de alta relevancia ambiental— y en programas de restauración forestal en el Cerro del Cuatro, junto a la Universidad de Guadalajara. A ello se suman iniciativas educativas en comunidades como Amatitán, donde se promueven talleres de arboricultura para fortalecer la conciencia ambiental desde edades tempranas.

A nivel global, la compañía también reporta avances en eficiencia energética en instalaciones como la destilería Jack Daniel’s, así como la adopción de prácticas de agricultura regenerativa en la totalidad de sus agricultores directos en Estados Unidos desde 2024, consolidando una cadena de suministro más consciente y resiliente.
En conjunto, estas acciones muestran una evolución clara: la sustentabilidad ya no se entiende como un programa paralelo, sino como parte del diseño operativo del negocio.
En este sentido, Brown-Forman plantea un cambio de paradigma: el crecimiento no se mide únicamente en volumen o expansión, sino en la capacidad de sostenerse en equilibrio con el entorno que lo hace posible. Porque hoy, en industrias que dependen de la tierra, producir y regenerar no son caminos distintos, sino una misma estrategia de futuro.

